
Call of Cthulhu: The Wasted Land es lo que comúnmente se conoce como un SRPG, un juego de rol con una buena dosis de estrategia por turnos, en el que los combates, normalmente en perspectiva isométrica, suponen uno de los elementos más importantes no solo de la historia, sino de la narración. Tal es el caso que nos ocupa en este análisis. El problema (sí, ya sé que es malo empezar con problemas tan pronto), es que la mecánica del juego, inmisericorde y casi tramposa si me apuras, nos impide disfrutar correctamente no ya del guión y la narrativa, sino de los propios combates.
El principal motivo de este gran bache en el camino de la diversión es que mientras estamos luchando en cualquier batalla, que puede durar sus buenos quince o veinte minutos (quizás más), es posible que aparezcan, sin ningún aviso, más enemigos por cualquiera de las esquinas del mapa, que normalmente consistirá en un rectángulo cerrado más o menos grande con distintos elementos de cobertura. Este pequeño “detalle”, que puede parecer una tontería por escrito, da como resultado que todas nuestras estrategias se vayan al garete sistemáticamente. ¿Por qué? Porque el jugador en condiciones normales echa un vistazo al campo de batalla, detecta a sus enemigos, acaba con ellos, e intenta llegar al punto del mapa que da por finalizada la misión. Lamentablemente, hay casillas del escenario que, al cruzarlas, hará que aparezcan más enemigos por cualquier esquina del mapa. Y si este evento provoca que de repente tengas a cuatro soldados enemigos rodeando a tu personaje que un turno antes estaba solo y a cubierto, que así sea.
Esto de introducir refuerzos de manera inesperada en el campo de batalla es algo que, en los SRPG, se suele utilizar para transmitir desconcierto o la sensación de que te han tendido una trampa. Hacerlo en cada maldito escenario es abusar muchísimo de esa sensación y, como digo, romper completamente la estrategia del juego. Y lo curioso es que sus desarrolladores parecieron intuir que así sería, ya que al lado de la opción para “reiniciar escenario”, encontramos otra de “volver al último turno”. Es decir, que hay que conocerse las apariciones de enemigos al dedillo a través de fallo y error para poder trazar una estrategia ganadora.

El otro elemento negativo (y ya nos quitamos de en medio todo lo malo y podemos pasar a lo bueno, que también lo hay) es un detalle tan estúpido como útil, y es que no podemos hacer “zoom out”. El juego nos permite acercar la cámara hasta tener dentro del plano casi exclusivamente al personaje que estemos controlando en ese momento, sin embargo, no nos permite alejarla de manera que podamos ver una gran porción del escenario. Y bueno, teniendo en cuenta que el juego está ambientado en la primera guerra mundial, que en consecuencia hay montones de trincheras y dispararemos mucho a larga distancia, esto supone un enorme inconveniente. Nos cansaremos de deslizar el dedo constantemente por la pantalla en busca de nuestro objetivo, e incluso una vez lo tengamos “en el punto de mira” será molesto dispararle, ya que después de cada una de las detonaciones tendremos que buscarlo por el mapa.
Ahora bien, si dejamos de lado estos dos fallos, tenemos la paciencia suficiente como para seguir adelante, y perseveramos, podremos descubrir una historia de lo más interesante protagonizada por unos personajes bastante más carismáticos de lo que en un principio parecen. Al fin y al cabo estamos hablando de un juego basado en los mitos de Cthulhu, y salvo catástrofe, que no es el caso, eso es garantía de ambientación interesante. Además, en el mundo de los videojuegos no es que abunden las historias localizadas en la primera guerra mundial, y para un SRPG con armas de fuego, en el que las coberturas son algo necesario, las trincheras suponen una manera lógica de combinar jugabilidad e historia de una manera muy acertada.

En el lado positivo de la balanza también debemos incluir el desarrollo de personaje del que hace gala el juego. A medida que ganemos batallas y avancemos en la historia recibiremos una serie de puntos de experiencia que podremos repartir a nuestro antojo entre todos nuestros personajes. Así, podremos mejorarles atributos como la fuerza o la agilidad, que nos serán muy útiles para golpear más fuerte en cuerpo y tener más puntos de acción respectivamente; o habilidades como pistolas, primeros auxilios o psicoanálisis. Lo bueno de este sistema en el que obtenemos el total de puntos de experiencia y se lo repartimos al grupo a nuestro antojo es que nos permite mucho más margen de personalización de lo normal.
Es posible que tras terminar de leer el párrafo anterior todavía estés pensando en para qué demonios hace falta una habilidad de psicoanálisis en un juego de estrategia por turnos ambientado en la primera guerra mundial. La respuesta es muy sencilla: cada vez que nos enfrentemos a criaturas sobrenaturales o hagamos magia (sí, también hay magia) nuestros personajes irán perdiendo cordura. La única forma de recuperarla, como habréis adivinado ya, es que uno de nuestros personajes utilice psicoanálisis sobre otro… ahí, en pleno campo de batalla, entre las trincheras.
Call of Cthulhu: The Wasted Land es uno de esos juegos que, como se suele decir, tiene luces y sombras. Los defectos mencionados son bastante molestos y, por desgracia, repercuten negativamente en la diversión. Por suerte, el resto de elementos del juego demuestran ser lo suficientemente solventes como para compensar todos estos fallos y transmitir, al final, una experiencia lo suficientemente satisfactoria como para que cualquier aficionado del género quede contento. Especialmente si estás buscando un reto verdaderamente difícil.








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